En el centro histórico de Tunja, a pocos metros de la Plaza de Bolívar, está ubicado el almacén de Pedro Vargas, el hombre que ama la música en vinilo y es consultado por decenas de coleccionistas de discos no solo en Colombia, sino en Estados Unidos y Europa.
No sabe cuántos elepés, casetes y compact disc tiene. Todos los días compra y vende. Visitantes de para escarbar entre montañas de material, mirar carátulas y preguntar por “novedades” antiguas. También recibe llamadas de Francia o de Nueva York preguntando por un disco impreso hace unos 70 años.
De Moniquirá llegó a Bogotá y encontró a dos personas que vendían discos de larga duración. Estos lo invitaron a vender música, pero, poco después, descubrió que eran ladrones de música.
Tras esto, le quedó la inquietud de negociar con música. Montó un pequeño carrito con unos cuantos elepés que consiguió en San Victorino y así inició una carrera que ahora completa más de cuatro décadas.
Si bien los éxitos del momento eran los más preguntados, la verdadera mina estaba en las curiosidades y en los discos viejos que ya no estaban en los catálogos y que eran verdaderas joyas para los coleccionistas.
“Un día vino un cantante a buscar un elepé que él había grabado y producido. Cuando le mostré el disco quedó tan sorprendido que de inmediato me ofreció un millón y medio de pesos”.
“En Europa, de donde me llaman bastante, piden porros, vallenatos, cumbias y ritmos que fueron grabados hace unos 60 años, pero no para colombianos, sino para estudiosos franceses, alemanes, suecos o italianos”.
Después de pasar más de 20 años en Bogotá, emprendió viaje a Estados Unidos y luego a Europa. Fue un periplo de varios años caminando y escuchando música en distintas ciudades.
Regresó de esa experiencia y montó su almacén en Tunja, cerca de su Moniquirá del alma, porque encontró que sus paisanos son verdaderos apasionados por la música. “Aquí les gusta desde la carranga, el rock y la salsa hasta la balada y la música clásica”.
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