En las zonas rurales de Boyacá y otras regiones del país, el ordeño tradicional continúa siendo una actividad que representa el sustento de numerosas familias campesinas, pese a las dificultades económicas y a la falta de relevo generacional que amenaza con hacer desaparecer este oficio ancestral.
Desde las primeras horas del día, pequeños productores dedican su jornada al cuidado del ganado y a la producción de leche, una labor que, además de generar ingresos para el hogar, aporta a la seguridad alimentaria mediante la elaboración de productos como quesos, cuajadas, yogur y kumis.
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