Las esmeraldas colombianas continúan consolidándose como las más apreciadas y cotizadas del mundo gracias a su calidad, color y exclusividad. Extraídas principalmente en el occidente de Boyacá, estas gemas representan una de las principales riquezas minerales del país y mantienen una importante presencia en los mercados internacionales.
De acuerdo con cifras del sector, durante 2025 Colombia exportó cerca de 1,2 millones de quilates de esmeraldas en bruto y 454.000 quilates tallados, generando ingresos superiores a los 139 millones de dólares por concepto de ventas internacionales.
Sin embargo, detrás de estas cifras que reflejan el valor de la denominada “piedra verde”, persiste una realidad social que contrasta con la riqueza que emerge de las montañas boyacenses. En municipios de la provincia de Occidente, especialmente en zonas de influencia minera, numerosas familias continúan enfrentando dificultades económicas, bajos ingresos y limitaciones en el acceso a oportunidades de desarrollo.
Diversos líderes sociales y habitantes de la región han señalado durante años que gran parte de la población asentada en los territorios esmeraldíferos no ha logrado beneficiarse plenamente de la riqueza generada por esta actividad extractiva. En algunos sectores persisten problemas asociados a la pobreza, el desempleo, la informalidad laboral y las limitaciones en infraestructura y servicios básicos.
A esta situación se suman desafíos estructurales que enfrenta la industria, entre ellos la minería ilegal, los problemas de seguridad, las disputas por el control de algunas explotaciones y las dificultades para formalizar pequeños productores y empresarios del sector.
No obstante, el panorama también muestra señales de transformación. Nuevas generaciones de emprendedores boyacenses han comenzado a impulsar modelos de negocio enfocados en la joyería, el diseño y la comercialización de esmeraldas con valor agregado, aprovechando plataformas digitales, redes sociales y mercados.
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